Goyko Pavlovic: "La Leonera representa el origen y la convicción de lo que criamos en Cordón Arauco”

El nombre de Goyko Pavlovic es habitual en las medialunas de la Asociación de Rodeo Magallanes, pero el viernes pasado sumó un nuevo hito a su trayectoria como criador, al quedarse en Torres del Paine con el máximo galardón de la Expo Última Esperanza gracias a Cordón Arauco Leonera, una yegua que sintetiza historia familiar, selección funcional y perseverancia en la crianza del Caballo Chileno en el extremo sur del país.
“Estoy muy contento. La Leonera es uno de los primeros productos criados por Cordón Arauco y, probablemente, una de las primeras selecciones que hicimos acá en Magallanes”, señala Pavlovic, aún con la emoción fresca tras la premiación.
Origen y genética de una gran campeona
La historia de Leonera no es cualquiera. El año pasado, en esta mismo marco, obtuvo el premio Reservado Campeona Yegua Mayores. Y por su sangre, su historia comienza por el lado materno con Cariblanco Barcaza, hija del Bellaco en la Lolita, criada por Pepe Soto, el campeón de Chile del Movimiento a la Rienda, una yegua que Pavlovic adquirió hace años a su amigo Francisco Sánchez. “La trajimos como yegua de cría, pero terminó corriéndose hasta los 21 años. Era una yegua extraordinaria”, recuerda.
Por el lado paterno, Leonera es hija de Santa Isabel Buen Muchacho, potro hijo del Acero y de la Pretensiosa, una reconocida hija del Barranco. “Don Lalo Tamayo siempre decía que la Pretensiosa era una de las mejores hijas del Barranco que tuvo Santa Isabel, y de ahí viene también ese color tan atractivo, el bayo cabos negros”, explica.

Cordón Arauco: Herencia, memoria y territorio
El criadero Cordón Arauco nace de una raíz profundamente familiar. “Mi padre, Goyko Pavlovic Morrison, que lamentablemente falleció cuando aún yo era muy pequeño. Era un fanático del Caballo Chileno, un huaso de tomo y lomo. Muchos decían que debería haber nacido en Talca o Curicó por su pasión pero era de acá”, relata Goyko.
La estancia familiar, ubicada a unos 70 kilómetros de Puerto Natales, en la frontera con Argentina, llevaba el nombre Cordón Arauco. Aunque posteriormente fue vendida y hoy se conoce como La Frontera, Pavlovic decidió perpetuar ese nombre en su criadero. “Lo mantuve para que se conserve eterno”, afirma con ese sentimiento tan propio de los criadores.
Reconociéndose aún en etapa de aprendizaje, Pavlovic es claro en su enfoque: la funcionalidad ha sido siempre el eje de su crianza. “Venimos de una genética muy funcional, caballos que no siempre son los más bonitos desde el punto de vista morfológico. Eso nos ha hecho el camino más largo en exposiciones”, admite.
Sin embargo, hoy el criadero está en una etapa de ajuste fino. “Estamos seleccionando madres que se acerquen más a lo que dicta del estándar de la raza del Caballo Chileno, aunque sin perder la genética funcional que a mí es lo que más me gusta. Sabemos que es un proceso lento, pero tenemos claro hacia dónde queremos ir”, expone.
Cordón Arauco es un proyecto familiar. “Mi hermano, mi mamá -que cuando nacen los potrillos está siempre ahí, los abrazan y les hace la impronta-, mi pareja y algunos amigos muy cercanos forman el núcleo más íntimo del criadero”, comenta.
Entre ellos destaca también la cercanía con otros criadores del sector, como Donald Gompertz, con quien comparten visión y proceso de selección. “Primero formamos yeguadas, después vemos qué “matrimonios” armamos. El estándar es uno solo, pero también hay gustos y realidades locales”, sostiene.
Leonera: con el sello de la Patagonia
Cordón Arauco Leonera no solo destaca por su morfología. Su historia está marcada por episodios que forjaron su carácter. “De potranca fue atacada por un puma. La encontramos bastante averiada, pero se recuperó increíblemente. Por eso le pusimos Leonera”, recuerda.
De temperamento fuerte, su proceso de amanse fue exigente. “Tiró a varios jinetes al suelo”, confiesa entre risas. Tras un periodo dedicado a la crianza, volvió al trabajo, aunque Pavlovic reconoce que la exigió antes de tiempo. “Hoy está en descanso. En Magallanes no es fácil sacar caballos nuevos, hay que tener doble cuidado”, reconoce.
La yegua ya dejó dos productos, uno con el Mariachi y otro con el Flagelo, ambos presentados en el primer remate del criadero realizado el año pasado.

Barrenechea argumentando su decisión que lo llevó a inclinarse por la yegua baya león
Criar caballos en Magallanes
“La crianza en Magallanes es atípica”, resumió Pavlovic. El clima, la logística y los costos marcan diferencias claras con el resto del país. “Mover un caballo desde Natales a Puerto Montt hoy puede costar cerca de un millón de pesos ida y vuelta. Es caro, pero la pasión es más grande”, advierte.
Aún así, destacó la evolución de la labor de los criadores. “Hoy los criadores están más informados, cuidan más a sus caballos y han aprendido a adaptarse al clima sin perder la rusticidad que caracteriza al caballo criado en campo abierto”. dice.
El triunfo en la Expo Última Esperanza abre nuevas proyecciones. “Cuando empiezas a participar y te mides, te vas creyendo el cuento”, reconoce. Incluso ya visualiza desafíos fuera de la región y del país, con productos que podrían competir en otros escenarios. Y, agrega, “por lo mismo tenemos un par de yeguas en Los Lagos que queremos prepararlas para llevar a exposiciones fuera de esta zona y por qué no presentarlas en una Exposición Nacional. Una de ellas es la Faraona que es hija de la Leonera, para lo cual nos está apoyando y asesorando Mauricio Acevedo que sabe harto de caballos”.
Finalmente, valoró el rol de la Asociación de Criadores de Caballos Chilenos de Última Esperanza. “Somos una gran familia. El capital humano es pequeño, pero muy apasionado. Trabajar bajo el alero de la asociación es lo que hace posible todo esto”, dice.
Un premio que, como reconoce Pavlovic, tiene también un significado emocional profundo y una dedicatoria. “Este logro se lo dedico a mi tío Arturo Godoy que falleció en 2018 y que fue mi segundo padre”, concluye emocionado.
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